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lunes, 11 de julio de 2011

Escribir en Barcelona

Si me preguntan digo que vivo en Barcelona. Específicamente en Carrer Casanova. De modo que, como cualquier escritor latinoamericano que se respete a sí mismo, salí de mi país y llegué al lugar en el que se encarnan o se empapelan tales oficiantes.

Sin embargo, no soy latinoamericano. Escribo en español. Eso es todo.  Ni mi país ni yo aparecemos en los catálogos.  Eso me hace libre. O quizás me convierte en otro tipo de esclavo.

Si pudiera escoger la banda sonora para estas palabras tendría que decidirme por Maelo. Ismael Rivera. http://www.youtube.com/watch?v=GdYSqWaeF5I Lo he escuchado cantado por ecuatorianos en la calle, en Raval.  Ahora bien, ¿qué pasa si decido que Ella Fitzgerald es un fondo más apropiado? http://www.youtube.com/watch?v=1j6avX7ebkM ¿Se me permitirá ser caribeño a la sombra de esa voz? Si decido, voluntarista, que mi fuente es James Joyce o Thomas Pynchon, ¿se me permitirá hurgar en esas letras?

Vine hasta aquí sin que me interese darle vida a una muchacha de caderas anchas con una piña en la cabeza. O mejor, darle papel a un travesti de acento peculiar. Si aparece, bien. Pero no es necesario. Si lo fuera me quedaba en casa.  Sólo quiero herir tus sentimientos con mi aspereza, para que me recuerdes. Quiero humillarte con mis citas sin adjudicarles fuentes, o con imposturas, una tras otra, mientras le miro las piernas a unas chicas que pasan por la Rambla. Luego voy de regreso a Carrer Casanova y escribo un poco de ciencia ficción, policial, algún poema en el que no madura ninguna jodida fruta tropical.

Quizás es una trampa. Mi aspereza, mi modo de herir, es demasiado parecido a manejar una piña sin guantes. Pero al final es dulce, nena. Así quiero escribir.

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